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CIENTÍFICOS RUSOS DESARROLLAN UN TEJIDO ARTIFICIAL QUE “ENGAÑA” AL ORGANISMO PARA PREVENIR EL RECHAZO
Reseado el 10/08/18 por prospectiva
Consenso Salud, Martes 7 de Agosto de 2018
Colaboración Horacio O’Donnell

Según los científicos, este es un área médica “completamente nueva”, no solo en Rusia, sino en todo el mundo.
El laboratorio de Materiales de Polímeros para Ingeniería de Tejidos y Transplantología, de la Universidad Politécnica Pedro el Grande de San Petersburgo (Rusia), desarrolló una serie de materiales poliméricos que pueden reparar los órganos y tejidos humanos dañados.
Según los científicos, este es un área médica “completamente nueva”, no solo en Rusia, sino en todo el mundo. La terminología aún no ha sido definida, aunque en la actualidad se los denomina materiales de ‘imitación’, ya que ‘engañan’ al cuerpo. La matriz del polímero se implanta en tejido hepático dañado, huesos o vasos, saturados con las células de estos órganos. Dado que los materiales están hechos de componentes biocompatibles (quitosano y colágeno), el cuerpo es ‘engañado’ y no rechaza el objeto extraño. Con el tiempo, la matriz se descompone y el tejido artificial es reemplazado por tejido natural.
“No estamos engañando a la naturaleza, solo la estamos ayudando a sobrellevar un problema médico. Los expertos actualmente están debatiendo si es mejor usar un implante o restaurar un órgano. Una persona con un órgano artificial debe tomar medicamentos de por vida para evitar que el cuerpo la rechace. Este no es el caso del tejido que crece a partir de células humanas”, explica Vladimir Yudin, jefe del laboratorio.
Los científicos de la Universidad Politécnica de San Petersburgo no solo han desarrollado la tecnología para crear materiales biocompatibles que estimulan la restauración de tejidos naturales, sino que también han logrado regular el tiempo de reabsorción de los materiales, ya que “es muy importante que los materiales implantados no se desintegren antes de que se forme la nueva tela”, resaltan.
Los resultados de los estudios preclínicos mostraron que, después de un cierto período de tiempo, una esponja tridimensional incrustada en un hueso comienza a cubrirse con tejido óseo natural, mientras que el material se descompone.






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