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¿Cómo aplicaremos este conocimiento en el futuro? Ingenieros utilizan un interfaz que conecta el cerebro al ordenador, que a su vez cumple instrucciones de los usuarios, para competir en una carrera de drones.
Reseado el 16/05/16 por prospectiva
Nota El País, España 29/04/16
Un grupo de investigadores de la Universidad de Florida celebra una competición de aparatos controlados por el cerebro

Imagine que un día puede abrir la puerta de su casa o de su coche con solo pensarlo. O hacer la compra en un supermercado sin mover un músculo. Hoy día suena a ciencia ficción o a fenómeno paranormal, pero científicos de la Universidad de Florida están convencidos de que ese momento puede llegar en el futuro. ¿Cuándo? Todavía es pronto para augurar una fecha o, siquiera, si finalmente será posible ejecutar acciones cotidianas con la intervención exclusiva del cerebro. Pero, en ello están.
Desde hace tiempo se sabe que es posible mover drones con el poder de la mente gracias a una tecnología que conecta el cerebro a un ordenador. Los investigadores de Florida han dado un paso más para hacer posible lo imposible: han celebrado una peculiar carrera en la que los competidores tenían que mover los drones solo con sus pensamientos, la primera competición de este tipo en el mundo. Los 16 jóvenes que participaron en el experimento tuvieron un entrenamiento previo ya que la prueba exige un nivel de concentración muy alto. “Hay muchas personas que tienen problemas de concentración, que no pueden pensar solo en una cosa y para este ejercicio hay que estar muy concentrado”, afirma Marvin Andújar, un ingeniero informático de la Universidad de Florida que ha liderado un equipo de nueve personas que ha hecho posible la peculiar carrera.

Para alcanzar el logro, los ingenieros han utilizado un interfaz que conecta el cerebro al ordenador, que a su vez cumple las instrucciones dictadas por los usuarios. A través de unos cascos que reciben señales eléctricas del cerebro y llegan a la computadora, los participantes deciden si el dron despega, aterriza, se dirige hacia adelante, hacia atrás o hacia izquierda o derecha. “El aparato tiene que saber interpretar bien las señales que manda el cerebro”, asegura Andújar, que este año termina su doctorado como ingeniero y que además tiene un grado en Matemáticas
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